miércoles, febrero 9

De nuevo... y finalmente.


Camila era una sombra de la esplendorosa ave que volaba en libertad hacia ya tanto tiempo. Sus alas habían sido cortadas súbitamente sin que ella pudiera reaccionar, el adiós parecía haber sido definitivo, aquel día que en un momento pasó de perfecto a la tragedia más grande de su mundo. Se sentía vacía y abandonada como un jarrón antiguo en una esquina de la cocina de la abuela, Renato la había dejado pensando en tantas cosas…

Mientras ella se quedaba en una esquina de su cuarto llorando por la partida de su amor, el corazón palpitaba lentamente con un pulsante dolor agonizante q le obligaba a pensar en lo definitivo de esa acción, se culpaba a si misma, una vez superado el porq, y el balcón que siempre había sido un aliado en el amor, se había convertido en un frio rincón de la casa, q continuamente le recordaba a Renato, en aquellos dulces momentos a su lado, en aquellas palabras de amor.

Súbitamente se había convertido solo en escombros de lo q algún día había sido, se sentía sola, incomprendida, relegada del corazón q la castigaba de esta manera tan dura, por algún error cometido en cierto momento.

El sentimiento de invalidez emocional se presentaba cuando alguien quería abordarla con alguna plática, y en medio de la conversación ella sabia muy bien q eso no funcionaria y dejaba de poner atención en las palabras de aquella persona q le hablaba.

Pero, como si por casualidad o quizás porq por fin algo superior se había apiadado de su sufrimiento, llego él, llego a ella como una bocanada de aire después de estar sumergida tanto tiempo en ese mar de angustia y desesperación q había estado surcando sin mas amigos q un ya gastado recuerdo de Renato q le servía como madero salvavidas, flotando a la deriva, llego él, con su pequeño navío q la levanto de ese lugar y la llevo a la orilla donde vería q realmente no estaba sola, sino q ella misma se había cerrado al mundo para poder morir de una forma sufrida y pasiva, de manera q nadie excepto ella pudieran al final hacer algo para tomar la decisión definitiva.

Tomar la mano sutil de aquel personaje, hacia q en ella, la sangre corriera de una manera extraña, tranquila y vertiginosa a la vez, du mirada de fuego q la quemaba y su presencia cálida q la iba entibiando lentamente. Fue como despertar de una horrible pesadilla a un día nuevo y deslumbrante que el había traído, por lo menos ella lo veía así, o eso era para ella, un salvador q había sido mandado de forma celestial a ayudarla.

Él no la persiguió, ni la hostigó, el simplemente estuvo allí, escuchándola aunq ella no dijera nada, comprendiéndola aunq no supiera realmente el porq de la tristeza de ella, queriéndola aunq no supiera la verdadera naturaleza que la consumía por dentro, aunq no supiera nada de ella, solo q lo necesitaba, y eso fue para ella lo mas importante.

La sonrisa fue regresando al rostro de Camila, con el pasar lento y sinuoso de los días, pero ahora con un calorcito q provenía de esa persona q se mantenía a su lado por ese lastimero transitar, había veces q Camila se preguntaba el porq se las acciones q él hacia, de porq se preocupaba tanto por ella si ni siquiera la conocía, lo cual en momentos la hacían recordar a Renato, pero cuando comenzaba a sentirse así, deprimida, con sus pensamientos ensombrecidos, estorbando el paso a su sangre apasionada y poética, sentía la calidez de su mano, nuevamente sobre las de ella, cuando sin palabras le decía q no se preocupara, porq esto pasaría y no seria mas q el recuerdo de un mal sueño.

Un día al despertar y verse en el espejo después de mucho tiempo de no hacerlo, pudo ver con una enorme alegría q esa Camila q algún día dejo de ver, había regresado de un largo viaje y aunq harta visiblemente fatigada, la saludaba con esa sonrisa tan característica q tenia y que iluminaba el lugar donde estaba según le decían sus padres.

Aquel día el sol fue como lo recordaba de sus días felices y aun más bello, al igual q la luna y las estrellas de la noche en q Él la había dejado en la esquina de la calle, cerca, muy cerca de su casa. Hablaban son decir nada y a la vez para ella, era un lapso importante, una etapa de nuevos aprendizajes, un sendero q debía ser recorrido en silencio para poder disfrutar de lo que aquel camino podía ofrecer…

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